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Pilar Aymerich

PILAR AYMERICH
(Barcelona, 1943) trabaja desde 1968 como fotógrafa profesional. Sus reportajes gráficos han sido publicados en medios como Triunfo, Destino, Cambio 16, El País o Fotogramas. Ha sido una de las cronistas más destacadas del movimiento feminista y las protestas ciudadanas en Cataluña: el encierro de las mujeres de los trabajadores de Motor Ibérica en la iglesia barcelonesa de Sant Andreu del Palomar, las primeras Jornades Catalanes de la Dona, las manifestaciones en favor de la derogación de las leyes sobre el adulterio femenino o las multitudinarias celebraciones de la Diada en 1976 y 1977 son algunos de los acontecimientos inmortalizados por su cámara.

jornadasJornades catalanes de la Dona. Performance de NYAKA 1976

El 27 de mayo de 1976 se celebran las primeras Jornades Catalanes
de la Dona en Barcelona. Bajo la presidencia de Maria Aurèlia Capmany,
más de 4.000 mujeres debatieron sobre trabajo, política,
sexualidad, familia y educación. El éxito conseguido en dicha convocatoria
dio un impulso formidable al pensamiento y las acciones del
movimiento feminista.
Los debates, celebrados en el paraninfo de la Universidad de
Barcelona, se vieron interrumpidos por algunos sucesos inesperados,
como la performance que llevaron a cabo las integrantes del
grupo teatral Les Nyakes: vestidas de blanco, empezaron a fregar de
rodillas el suelo de la sala para reivindicar la presencia en las Jornadas
de “las marujas”. La acción contrastaba con la seriedad política
de las discusiones y trataba de llamar la atención sobre el trabajo
doméstico y de cuidados realizado por las mujeres.

aymerich_adulterioManifestación pidiendo la despenalización del adulterio 1976
Hace 35 años el adulterio estaba penado en España. “El adulterio será castigado con la pena de prisión menor. Cometen adulterio la mujer casada que yace con varón que no sea su marido, y el que yace con ella, sabiendo que es casada, aunque después se declare nulo el matrimonio”. El artículo 449 del Código Penal continuaba: “No se impondrá pena por delito de adulterio sino en virtud de querella del marido agraviado”. Las intensas movilizaciones feministas contribuyeron a lograr que el 26 de mayo de 1978 se derogaran los artículos del Código Penal relativos al adulterio y al amancebamiento. La fotografía muestra la manifestación feminista por la despenalización del adulterio que, bajo el eslogan Jo tambè soc adúltera (Yo también son adúltera) tuvo lugar frente a los juzgados de Barcelona en 1976.

aymerich_violacionManifestación contra la violación y el maltrato 1976

 aymerich_asesinatoManifestación contra la violación y asesinato de Antonia España en Sabadell, Barcelona 1977

La proliferación de movilizaciones, colectivos y asociaciones feministas en la Transición Española, por desgracia hoy bastante olvidada, fue realmente asombrosa. Gran parte de las batallas se centraron en terminar con la legislación franquista (adulterio, patria potestad, amancebamiento, leyes laborales, etc.) pero, como documentan estas dos fotografías de Pilar Aymerich, también se introducirá por esos años en la agenda política la lucha contra la violencia machista. Las fotografías recogen dos de estas manifestaciones en Barcelona. En la segunda, que tuvo lugar en septiembre de 1977, aparece al fondo el Cine Comedia, donde se proyectaba una película del llamado “destape”.

aymerich_encierroEncierro de las mujeres de los trabajadores de Motor Ibérica en la iglesia de Sant Andreu del Palomar 1976
Fotografía B/N
30 x 40 cm c/u
Cortesía de la artista
En 1976, 250 mujeres se encerraron durante 28 días en la iglesia de Sant Andreu del Palomar de Barcelona para protestar por los despidos masivos de obreros de la fábrica Motor Ibérica. Aunque fueron finalmente desalojadas por la policía y no pudieron impedir el despido de sus maridos, el hecho fue positivo para muchas de ellas, que descubrieron el asociacionismo como forma de implicarse en la vida vecinal, feminista y obrera. Como apunta el historiador Pau Vinyes: “Fue una historia de solidaridad de todo un barrio. Comerciantes y vecinos les llevaban comida, la sacristía estaba llena de alimentos. También fue una historia de emancipación de la mujer. Algunas se plantaron ante las presiones de sus maridos que querían que dejaran el encierro y volvieran a casa a hacerles la cena”.

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