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Pilar Albarracín

PILAR ALBARRACÍN
(Sevilla, 1968) inicia su carrera como artista multidisciplinar (vídeo, performance, fotografía, instalación) a principios de los años noventa. Su trabajo parte de una deconstrucción de las narrativas dominantes, especialmente de los clichés que representan la identidad andaluza. Desde sus primeras acciones como Sin Título (Sangre en la calle), de 1992, en la que aparecían mujeres ensangrentadas y tiradas en las calles de Sevilla, Albarracín se centra en la mujer como depositaria de mandatos de sumisión y constricciones culturales.

pilar_albarracinTortilla a la española 1999
Vídeo color y sonido
6’ 07”
Cortesía de la artista

En muchas de sus obras Pilar Albarracín cuestiona con humor los clichés construidos en torno a la mujer andaluza. En esta performance grabada en vídeo, Albarracín, con un traje rojo carmesí y expresión pasional que hunde sus raíces en la Carmen de Bizet, se corta el vestido en tiras y las bate junto a unos huevos para cocinar el plato típico español por excelencia, una tortilla a la española, comiéndose a sí misma en un simulacro antropofágico. El casticismo tópico de la escena contrasta con la cocina moderna e industrial más propia de un programa de televisión, acentuando el carácter excesivo y paródico de la acción.

espejitoEspejito 2001
Espejo e instalación sonora
61 x 11 cm
Colección MUSAC

En esta instalación sonora, Albarracín deconstruye con humor el cuento tradicional de Blancanieves. Al mirarse en el espejo, el espectador o espectadora oye con sorpresa cómo una voz le repite la palabra “fea”. Los cuentos y leyendas populares están poblados de hermosas princesas que refuerzan el mandato de que las mujeres han de ser, ante todo, bellas. Emblema de vanidad, el espejo ha sido asociado tradicionalmente en la pintura y en la historia de los símbolos a la identidad femenina.

videos1Sin título (Sangre en la calle) 1992
Vídeo color y sonido
6’ 25”
Cortesía de la artista

Sin título (Sangre en la calle) es un vídeo elaborado a partir de ocho acciones realizadas por Pilar Albarracín en distintas calles de Sevilla en 1992. Durante las performances, la artista aparecía tendida en el suelo, cubierta de sangre de animal, como si se tratase del cadáver de una mujer agredida. En cada una de las acciones iba caracterizada de forma distinta (en algunas llevaba colgada una cesta de la compra, en otras un bolso distinguido) a fin de mostrar que la violencia machista afectaba a mujeres de clases sociales muy distintas. Las performances interpelaban cruda y directamente a los/as espectadores/as, haciendo visible una realidad por aquel entonces muy ausente de los medios de comunicación.

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