Situar los ciberfeminismos

Situar los ciberfeminismos
María Fernández y Faith Wilding

Durante la década de los ’80, en los Estados Unidos, la segunda ola del movimiento de liberación de las mujeres que  había barrido el país hacia fines de los ’60 y durante los ’70 se fragmentó, se descentró y sufrió el disenso y diversas formas de  backlash cultural y político.  Si bien feminismos más nómades y desterritorializados permitieron que florecieran muchas nuevas voces y tácticas (a menudo respecto de temas locales), resultó más difícil organizar coaliciones y acciones concertadas respecto de asuntos que afectan globalmente a grandes grupos de mujeres.  Actualmente ya no existe un movimiento feminista público, visible y audible en los Estados Unidos (aunque hay muchos focos locales de práctica feminista), pero hay una gran necesidad de una visión y un compromiso renovados en la acción feminista local y global.  Gran parte de esta necesidad surge de los profundos efectos que tienen los medios  digitales sobre múltiples áreas de las comunicaciones, el conocimiento y la experiencia vital.  La comprensión científica de lo que constituye un ser humano, las formas en que somos concebidas y nacemos al mundo, nuestra educación, nuestra socialización, el trabajo, la salud, la enfermedad y la muerte, están mediados por la tecnología digital (como presencia o ausencia).  Este es un momento importante para volver a examinar los temas feministas históricos y su relación con la condición femenina en “el circuito integrado” -un término acuñado por Rachel Grossman para “nombrar la situación de las mujeres en un mundo [tan] íntimamente reestructurado a través de las relaciones de la ciencia y la tecnología”.

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